9 de octubre de 2026

BRASIL 2026: Una elección que ofrece importantes lecciones para el Perú.

Las elecciones generales brasileñas del pasado domingo 4 de octubre ofrecen una oportunidad especialmente valiosa para examinar la organización de procesos electorales de gran magnitud, identificar problemas operativos y extraer enseñanzas aplicables al Perú, cual es la preocupación que siempre me acompaña cuando monitoreo alguna elección de la cual podemos aprender. 

La primera vuelta movilizó a un electorado de más de 158 millones de personas, que debían elegir presidente, gobernadores, senadores y diputados. El Tribunal Superior Electoral (TSE) organizó la votación mediante un sistema electrónico consolidado, que permitió iniciar la totalización inmediatamente después del cierre de las mesas. 

Sin embargo, tal y como se pudo constatar en las noticias, el proceso también registró sustituciones de equipos, denuncias de delitos electorales y una interrupción temporal de la publicación nacional de resultados. Estas incidencias merecen estudiarse, precisamente porque muestran que incluso un sistema electoral tecnológicamente desarrollado necesita mecanismos de contingencia, supervisión y comunicación pública. (Ver nota 1) (Ver nota 2)

1. Una organización electoral de enorme magnitud

Brasil desplegó aproximadamente 499 mil 248 urnas electrónicas y mantuvo otras 68 mil 912 como equipos de reserva. La disponibilidad de máquinas de reemplazo constituye un componente fundamental de su planificación logística.

Durante las primeras horas se sustituyeron centenares de urnas, sin que ello obligara inicialmente a recurrir a la votación manual. La organización también contó con pruebas de integridad supervisadas, entre otros, por auditores del Tribunal de Cuentas de la Unión, órgano de control y supervisión del estado brasileño.

El presidente del TSE, Kassio Nunes Marques, declaró durante la jornada que la votación se desarrollaba con tranquilidad y transparencia, sin que las autoridades competentes hubieran identificado indicios concretos de interferencia extranjera. Se trata de una valoración institucional que con el correr de los días debería contrastarse con los informes de observación. (Ver nota 3) (Ver nota 4)

Lección para el Perú: la tecnología no elimina los problemas operativos, pero puede permitir resolverlos rápidamente cuando existen suficientes equipos de reserva, personal preparado y protocolos claros de sustitución.

2. El incidente más significativo: la interrupción en la difusión de resultados

Uno de los episodios que merece especial atención ocurrió la noche de comicios. A las 1914 horas, el sistema de divulgación nacional de resultados presidenciales experimentó una interrupción que se prolongó hasta las 2004 horas. El TSE explicó que el problema afectó al módulo de publicación de resultados nacionales en internet, mientras que la presentación de datos por estados continuó funcionando.

La autoridad electoral precisó que el incidente no afectó la gestión realizada en las urnas ni la totalización de los votos. Asimismo, anunció que desarrollaría una nueva rutina técnica para prevenir interrupciones similares. (Ver nota 5) (Ver nota 6)

Esta distinción es esencial: una falla en la visualización de resultados no equivale necesariamente a una falla en su cómputo. No obstante, cualquier interrupción informativa durante una elección políticamente disputada puede facilitar la circulación de rumores.

Para la ONPE, el episodio plantea tres prioridades: fortalecer las pruebas de carga de los sistemas de publicación, contar con mecanismos alternativos de información y explicar oportunamente cualquier incidencia, distinguiendo con precisión los procesos de escrutinio, transmisión, cómputo y difusión.

Brasil dispone, además, de un panel que permite reconstruir la evolución de la totalización por circunscripción y candidatura. Su utilidad para la transparencia merece ser examinada por los organismos electorales peruanos. (Ver nota 7)

3. La opinión de los observadores internacionales

Una de las informaciones más importantes apareció precisamente ayer, 7 de octubre. El TSE difundió las primeras apreciaciones de diversas misiones de observación electoral, entre ellas la Organización de los Estados Americanos (OEA), el Centro Carter, el Parlamento del Mercosur y organizaciones académicas brasileñas.

La misión de la OEA, integrada por 91 observadores de 23 nacionalidades, visitó 831 secciones electorales en 371 locales de votación. Destacó la capacidad técnica, logística y operativa de las autoridades electorales, así como los mecanismos de auditoría y el uso de servicios digitales.

La OEA también examinó la interrupción de la publicación de resultados y constató que el sistema de totalización continuó funcionando. Por su parte, el Centro Carter destacó la organización y transparencia de la votación, mientras que las misiones nacionales resaltaron la publicación de los boletines de urna. (Nota del TSE sobre misiones)

Estas evaluaciones son preliminares. No significan que todos los aspectos del proceso estén exentos de dificultades. Las recomendaciones sobre comunicación digital, accesibilidad, campañas electorales y seguridad jurídica merecen una revisión más detallada.

Para el Perú, resulta especialmente importante conocer cómo Brasil facilita a observadores, partidos políticos y organizaciones civiles el acceso a las pruebas de integridad y a los resultados de cada urna.

4. Los inconvenientes y las irregularidades detectadas

Aunque las autoridades informaron que la jornada transcurrió sin incidentes generalizados que impidieran la votación, hubo problemas que requieren atención. Según los reportes del 4 de octubre, a las 1530 horas se habían reemplazado 1 mil 544 urnas electrónicas. También se registraron interrupciones eléctricas en localidades del estado de Paraná. (Ver nota 8)

Por otra parte, las fuerzas de seguridad contabilizaron 1 mil 113 incidencias relacionadas con presuntos delitos electorales entre el sábado y el domingo. Entre las más frecuentes figuraron la propaganda electoral irregular, las actividades de captación de votos en las inmediaciones de los locales y las sospechas de compra de sufragios. Estas cifras corresponden a denuncias o intervenciones, no necesariamente a delitos judicialmente acreditados. (Ver nota 9)

El aprendizaje es doble. Primero, que la organización electoral debe prever fallas técnicas y dificultades logísticas. Segundo, que una elección correctamente administrada requiere también medidas efectivas contra las irregularidades que afectan la libertad del sufragio.

En el Perú sería conveniente fortalecer la coordinación operativa entre la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), y el Registro Nacional de Identificación yEstado Civil (RENIEC), Ministerio Público y Policía Nacional, con protocolos que permitan compartir información sin confundir las competencias de cada institución.

5. ¿Qué dijeron los candidatos?

El resultado presidencial confirmó la necesidad de una segunda vuelta el 25 de octubre. Flávio Bolsonaro expresó satisfacción por los resultados y afirmó que los casi 56 millones de votos recibidos representaban una demanda de cambio. Lula, a su vez, reconoció que el resultado había sido inesperado, pues esperaba conseguir la victoria en primera vuelta. Ambas candidaturas iniciaron los preparativos para la nueva jornada electoral. (Ver nota 10) (Ver nota 11)

Desde la perspectiva de la administración electoral, resulta importante distinguir las declaraciones propias de la competencia política de las observaciones sustentadas sobre el funcionamiento del proceso.

Otro aspecto que merece reflexión es la calidad de la información ofrecida al electorado. La ausencia de los principales candidatos en el último debate televisivo, que terminó cancelándose, reabrió la discusión sobre la capacidad de los ciudadanos para comparar programas y propuestas. 

Para el Perú, donde también preocupa la limitada difusión efectiva de los planes de gobierno, esta experiencia invita a reconsiderar el diseño de los debates y la utilidad de las franjas electorales.

6. Una tarea pendiente: aprender institucionalmente de cada elección

Las experiencias electorales no deberían agotarse en la proclamación de resultados o en la presentación de informes institucionales. Brasil ofrece una oportunidad para estudiar la administración de millones de sufragios, la operación simultánea de centenares de miles de equipos, la identificación biométrica, la auditoría tecnológica y la divulgación pública de resultados.

Para aprovechar estos conocimientos, sería recomendable que la ONPE, en coordinación con el JNE y el RENIEC, impulse un estudio técnico comparado sobre las elecciones brasileñas de 2026. Este trabajo podría incorporar visitas técnicas, revisión de informes de observación y análisis de costos y contingencias.

Asimismo, convendría identificar qué mecanismos podrían incorporarse progresivamente a los procesos peruanos, con metas verificables y estimaciones presupuestarias.

La principal enseñanza no consiste simplemente en votar electrónicamente o conocer los resultados más rápido. Consiste en desarrollar una administración electoral capaz de anticipar dificultades, corregir incidentes, transparentar sus procedimientos y ofrecer información confiable a la ciudadanía.

El verdadero valor de estudiar la experiencia brasileña radica en transformar sus enseñanzas en proyectos concretos de modernización electoral para el Perú.

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