Estuve monitoreando durante varios días las elecciones brasileñas del domingo 25 de octubre, y no puedo dejar de afirmar que dejan importantes enseñanzas para América Latina.
La polarización política, las denuncias de fraude, las controversias sobre el horario de votación y el protagonismo de las redes sociales pusieron a prueba la confianza en el proceso electoral. Al mismo tiempo, la urna electrónica volvió a demostrar su capacidad para procesar rápidamente los votos y ofrecer resultados oficiales en muy pocas horas.
Para el Perú, la experiencia merece toda una reflexión que vaya más allá de las diferencias entre ambos sistemas electorales. ¿Cómo preservar la confianza ciudadana cuando los candidatos cuestionan los resultados? ¿Cómo impedir que decisiones tardías puedan afectar el desempeño de una jornada electoral? ¿Podemos modernizar nuestro sistema de votación? Vamos en orden.