A pocos días de las elecciones generales brasileñas, la atención internacional suele concentrarse en la disputa política. Sin embargo, para quienes observamos la administración electoral, Brasil ofrece otra discusión igualmente importante: cómo organizar una elección para casi 159 millones de ciudadanos utilizando identificación biométrica, urnas electrónicas, auditorías públicas y servicios electorales digitales. ¿Qué podría aprender el Perú?
El próximo domingo 4 de octubre, 158 millones 765 mil 543 brasileños están habilitados para elegir presidente y vicepresidente, gobernadores, senadores, diputados federales y diputados estatales o distritales. Si fuese necesaria una segunda vuelta para presidente o gobernador, esta tendría lugar el 25 de octubre. (Ver información del Tribunal Superior Eleitoral, en español)
Es una elección gigantesca y para atenderla, la Justicia Electoral dispondrá de 563 mil 910 urnas electrónicas, el 77% de ellas correspondientes a los modelos más recientes, UE2020 y UE2022. (Ver modelos que usarán)
No obstante, quizás la característica más interesante de Brasil no sea solamente haber sustituido el voto de papel, pues durante treinta años, Brasil ha construido alrededor de la urna un ecosistema tecnológico electoral que comprende identificación biométrica, fiscalización del software, auditorías, pruebas públicas de seguridad y herramientas digitales para los electores, y ello para el Perú, puede constituir una experiencia particularmente útil.
Una elección bajo presión
Brasil llega a las elecciones con fortalezas institucionales, pero también con algunos problemas importantes. Uno de ellos es la desinformación electoral y la utilización de inteligencia artificial. El Comité Gestor de Internet de Brasil ha advertido que los videos falsos creados mediante IA y la circulación de información de baja calidad constituyen nuevos riesgos para el proceso democrático, agravados por su difusión mediante redes cerradas como WhatsApp. (Ver nota al respecto)
En este afán, el Tribunal Superior Eleitoral, por su parte, ha reforzado para estas elecciones las auditorías, las reglas relativas al empleo de inteligencia artificial y los mecanismos destinados a enfrentar la desinformación. Empero, también existe otra preocupación completamente diferente: la penetración del crimen organizado en la política.
Justamente sobre este otro dolor de cabeza, la exclusión de algunas candidaturas por presuntos vínculos criminales efectuada en las semanas pasadas ha sido foco de severas controversias. Todo debido a que los que defienden estas decisiones consideran indispensable impedir la infiltración de organizaciones criminales; pero sus críticos advierten sobre los riesgos para el debido proceso cuando no existen condenas definitivas. (Ver nota al respecto)
En este escenario político complejo aparece, sin embargo, una fortaleza institucional: Brasil llega a 2026 con un sistema electrónico que no es una experiencia reciente. La urna electrónica comenzó a utilizarse en 1996 y cumple ya treinta años.
La urna es importante, pero también lo es poder auditarla
Una equivocación frecuente consiste en reducir el modelo brasileño a una computadora en la cual el ciudadano marca su voto. Empero, el sistema es bastante más amplio. Antes de las elecciones, los programas son sometidos a procedimientos de inspección y seguridad. El pasado 4 de septiembre, por ejemplo, el TSE realizó la ceremonia de firma digital y lacrado de los sistemas electorales que serán empleados el 4 de octubre. (Ver nota de la Justiça Eleitoral)
Además existen diferentes mecanismos mediante los cuales puede auditarse posteriormente el proceso: verificación de hashes (algoritmos que garantizan la integridad y seguridad de los datos), firmas digitales, reimpresión del boletín de urna, comparación entre el boletín impreso y aquel recibido por el sistema de totalización, revisión de archivos digitales y auditoría del Registro Digital del Voto. (Ver nota sobre auditorías)
Especialmente interesante es el denominado Teste de Integridade, mediante el cual se seleccionan urnas que serán sometidas a auditoría y, durante las mismas horas en que se desarrolla la elección, votos previamente registrados manualmente en cédulas de papel son introducidos en ellas. Al terminar, los resultados electrónicos son confrontados con las cédulas utilizadas.
El procedimiento es público. En Sao Paulo, por ejemplo, para el primer turno de 2026 se prepararán 16 mil 400 cédulas de papel destinadas a estas pruebas, bajo supervisión de una comisión de auditoría y con posibilidad de participación de representantes partidarios.
Finalmente, con todo esto aquí aparece una primera lección interesante para nosotros: una tecnología electoral no debería pedir confianza; debería producir evidencias que permitan verificarla.
Una urna para muchas elecciones
Por otro lado, Brasil ha resuelto además una cuestión económica que resulta especialmente importante cuando se discute la incorporación de tecnología electoral: las urnas no se adquieren para utilizarlas una sola vez ni son alquiladas para cada elección. El proyecto y las especificaciones pertenecen al Tribunal Superior Electoral (TSE), que mediante licitaciones contrata a empresas privadas para fabricar los equipos conforme a requisitos técnicos establecidos por la propia Justicia Electoral.
Las máquinas pasan a integrar un parque tecnológico permanente y tienen una vida útil prevista de aproximadamente diez años, durante los cuales pueden participar en sucesivas elecciones. Entre comicios reciben mantenimiento y pruebas periódicas; incluso sus baterías son recargadas regularmente para preservar su funcionamiento. (Ver información sobre empresas proveedoras)
Según las informaciones recabadas al respecto, las elecciones de 2026 proporcionan una demostración particularmente clara. Brasil utilizará 563 mil 910 urnas de cuatro generaciones diferentes: 217 mil 145 del modelo 2022, 222 mil 323 del modelo 2020, 95 mil 065 del modelo 2015 y todavía 29 mil 377 del modelo 2013. (Ver modelos de urnas a ser empleados en estas generales)
Es decir, equipos fabricados hace más de una década continúan prestando servicio junto con los más modernos. El TSE y los 27 tribunales regionales redistribuyen además las máquinas entre los estados según la cantidad de electores y secciones existentes, manteniendo una reserva técnica para sustituir inmediatamente aquellas que presenten problemas durante la jornada.
La biometría: comprobar quién está votando
Esta es otra innovación brasileña que merece todavía mayor atención peruana. Brasil comenzó a incorporar la identificación biométrica electoral en 2008 y para las elecciones de 2026 ya existen 141,3 millones de electores con biometría registrada, equivalentes al 89,01 % del padrón. En 2022 esa proporción era 75,51 %. (Ver nota sobre biometría)
El procedimiento durante la elección permite apreciar una diferencia fundamental entre identificación electrónica y votación electrónica.
El ciudadano presenta primero su documento de identidad. Después de comprobar sus datos, si cuenta con biometría registrada coloca el dedo en el lector correspondiente de la urna. Verificada su identidad, queda habilitado para votar. (Ver manual de miembro de mesa)
La huella, por tanto, no determina por quién vota la persona. Su función es confirmar que quien se encuentra ante la mesa electoral es efectivamente el ciudadano inscrito en esa sección. Eso dificulta que una persona pueda votar en nombre de otra. Y existe una salvaguarda especialmente importante: si la huella no puede reconocerse o el ciudadano todavía carece de registro biométrico, existen procedimientos alternativos de identificación. Una falla tecnológica no debe convertirse automáticamente en pérdida del derecho al sufragio.
Del título electoral al teléfono celular
Como sabemos, Brasil cuenta con diversos documentos que pueden ser utilizados para identificarse a la hora de votar. Principalmente el denominado Título Electoral, el cual otorga un código y demuestra que el ciudadano se encuentra en el registro electoral, y adicionalmente el antiguo Registro Geral (RG) emitido por cada estado, y la nueva Carteira de Identidade Nacional (CIN), mediante la cual se ha buscado unificar la identificación de los brasileños.
No obstante, para estas elecciones y desde las generales del 2018, también se usará el E-Título, cual es la versión digital del Título Electoral y es accesado desde un teléfono celular. La aplicación muestra los datos del ciudadano, su fotografía, otros datos biométricos, y hasta puede usarse como documento de identificación para votar. Tomemos nota.
Esto revela una transformación interesante de la administración electoral. La relación entre ciudadano y organismo electoral deja de producirse solamente durante los meses anteriores a una elección y comienza a convertirse en una relación digital permanente.
Brasil dispone además de aplicaciones específicas para los miembros de mesa. El aplicativo Mesário, por ejemplo, proporciona capacitación, materiales, notificaciones y listas de verificación para las operaciones que deben realizarse al inicio y al término de la jornada.
¿Podríamos identificar biométricamente al elector peruano?
Técnicamente existe una base importante para estudiarlo. El Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (RENIEC) posee desde hace años información biométrica de los ciudadanos y actualmente el DNI electrónico contiene un chip criptográfico que permite acreditar la identidad presencial y electrónicamente.
Incluso estamos entrando en una nueva etapa pues RENIEC inició en 2026 la implementación progresiva del DNI digital (DNId), cuya activación comprende verificación biométrica mediante ID Perú. No está previsto utilizarlo en las Elecciones Regionales y Municipales de 2026, pero su existencia muestra hasta dónde está evolucionando la infraestructura peruana de identidad digital.
Por ello, resultaría razonable proponer un proyecto piloto entre la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y el RENIEC, dirigido a impulsar la identificación biométrica del elector en las mesas de sufragio, el cual no significa implantar inmediatamente la urna brasileña ni eliminar los mecanismos tradicionales de identificación, pero podría comenzar experimentalmente en determinadas circunscripciones y evaluar cuatro cuestiones concretas: rapidez de identificación, porcentaje de huellas reconocidas correctamente, reducción de posibles suplantaciones y comportamiento de los procedimientos de contingencia.
Aquí conviene insistir en algo: identificación electrónica del elector y voto electrónico son decisiones distintas. Podemos modernizar considerablemente la primera sin necesidad de adoptar simultáneamente la segunda.
¿Qué deberíamos aprender de Brasil?
La principal enseñanza brasileña quizá no consista en comprar urnas electrónicas, pues copiar una tecnología sin reproducir el ecosistema institucional que la sostiene podría resultar contraproducente. Sería más interesante estudiar cinco componentes de manera independiente: identificación biométrica en mesa; herramientas digitales permanentes para el elector; asistencia tecnológica a los miembros de mesa; auditorías públicas de los sistemas; y trazabilidad de los resultados desde cada mesa hasta la totalización nacional.
Hay además una sexta enseñanza menos visible: la gradualidad.
Brasil comenzó a utilizar urnas electrónicas hace treinta años. La biometría empezó después, en 2008. Los mecanismos de auditoría y seguridad fueron ampliándose progresivamente. Los sistemas actuales son resultado de pruebas, cuestionamientos, modificaciones y sucesivas elecciones.
Perú podría seguir una lógica semejante: pilotar, medir, auditar, corregir y recién después ampliar. No necesitamos escoger entre mantener indefinidamente todos nuestros procedimientos actuales o sustituirlos de golpe por una elección completamente electrónica. Podemos comenzar preguntándonos qué parte del proceso presenta hoy mayores problemas y qué tecnología podría solucionarlos.
La experiencia brasileña sugiere un camino: usar tecnología no solamente para obtener resultados más rápidamente, sino para identificar mejor al elector, facilitar el trabajo de los miembros de mesa, disminuir errores y hacer que cada etapa pueda ser comprobada por partidos, especialistas y ciudadanos. Ese quizá sea el aprendizaje brasileño que más vale observar este domingo.
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