23 de octubre de 2026

HAITÍ 2026: ¿Una república imposible? El desafío de recuperar el Estado y la democracia.

Como comentaba semanas atrás en otro apunte, Haití es la primera república independiente instaurada en América Latina y el Caribe en 1804, y desafortunadamente desde hace años atraviesa una severa crisis que amenaza su propia existencia como Estado democrático. La nación que protagonizó una histórica revolución contra la esclavitud y el colonialismo enfrenta hoy una situación de violencia, pobreza y desintegración institucional que parece no encontrar salida.

Su Constitución de 1987, posteriormente modificada, establece un régimen republicano sustentado en la soberanía popular, la separación de poderes y la elección democrática de sus autoridades. Sin embargo, estos principios se encuentran profundamente debilitados.

Desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse, en julio de 2021, Haití carece de un presidente elegido democráticamente, y tampoco cuenta con un Parlamento en funciones ni con autoridades nacionales respaldadas por elecciones recientes. Sus últimos comicios presidenciales se celebraron en el 2016.

Haití continúa siendo jurídicamente una república, pero sus instituciones han perdido gran parte de la capacidad necesaria para ejercer efectivamente la democracia.

Una transición política que no consigue terminar

En abril de 2024 se estableció un Consejo Presidencial de Transición, encargado de conducir al país hacia la recuperación institucional y la celebración de elecciones. Empero, su mandato concluyó en febrero de 2026 sin haber alcanzado ese propósito. La conducción del Ejecutivo quedó en manos del Consejo de Ministros, encabezado por el primer ministro Alix Didier Fils-Aimé.

La prolongación de gobiernos provisionales plantea un problema fundamental, pues las autoridades ejercen responsabilidades públicas sin haber recibido directamente un mandato electoral de la ciudadanía, y la situación se agrava porque la ausencia de un Parlamento impide el funcionamiento ordinario de los mecanismos de representación, fiscalización y equilibrio entre poderes.

Las elecciones que Haití no consigue celebrar

El Consejo Electoral Provisional había previsto realizar elecciones presidenciales y legislativas en diciembre de 2026, con una eventual segunda vuelta en febrero de 2027. Sin embargo, en octubre anunció la necesidad de modificar el calendario electoral ante las dificultades existentes.

La principal amenaza no es exclusivamente organizativa. Las organizaciones criminales controlan extensas áreas del territorio, especialmente en Puerto Príncipe, y condicionan gravemente la circulación, las actividades económicas y la vida cotidiana. La violencia ha provocado desplazamientos masivos de población, interrupción de servicios públicos y una crisis humanitaria de enormes proporciones.

¿Cómo organizar campañas electorales donde los candidatos no pueden desplazarse libremente? ¿Cómo instalar mesas de votación donde las autoridades no garantizan seguridad? ¿Cómo asegurar que los electores puedan votar sin amenazas? La democracia no se recuperará celebrando elecciones en condiciones que impidan ejercer libremente el derecho al sufragio.

La seguridad es una condición indispensable

Una alternativa aparentemente práctica sería organizar elecciones únicamente en los territorios donde todavía existen condiciones de seguridad. Sin embargo, esta posibilidad resulta incompatible con una elección nacional auténticamente democrática si excluye a importantes sectores de la población.

Todos los ciudadanos deben disponer de oportunidades efectivas para inscribirse, informarse, participar en las campañas y votar libremente, incluidos quienes han tenido que abandonar sus hogares por la violencia.

Celebrar elecciones sin estas garantías podría producir autoridades formalmente elegidas, pero cuestionadas desde su origen por la exclusión de parte de la ciudadanía. Por ello, la recuperación de condiciones mínimas de seguridad debe preceder a la celebración de elecciones nacionales, sin que ello signifique postergar indefinidamente el retorno a la democracia.

La comunidad internacional no puede permanecer indiferente

La magnitud de la crisis demuestra que las instituciones haitianas difícilmente podrán superarla sin una cooperación internacional extraordinaria. Las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos y los países de la región deberían contribuir a una estrategia sostenida para recuperar la seguridad, fortalecer la Policía Nacional, reconstruir las instituciones públicas y restablecer los servicios esenciales.

Esta cooperación no debe convertirse en una nueva tutela extranjera ni sustituir permanentemente la soberanía haitiana. Las experiencias internacionales anteriores en Haití obligan a establecer responsabilidades claras, supervisión independiente, respeto de los derechos humanos y resultados verificables. La comunidad internacional debería ayudar a reconstruir las capacidades del Estado, no reemplazarlo indefinidamente.

Cinco prioridades para recuperar la república

La reconstrucción democrática haitiana requiere una estrategia que, a mi juicio, podría articular cinco objetivos:

1. Recuperar el control territorial y proteger efectivamente a la población frente a las organizaciones criminales.
2. Establecer una transición política legítima, inclusiva y con responsabilidades y plazos definidos.
3. Reconstruir la administración electoral, actualizar el registro de electores y garantizar el voto de las poblaciones desplazadas.
4. Restablecer los servicios públicos, la justicia y las oportunidades económicas indispensables para recuperar la confianza ciudadana.
5. Promover la participación de universidades, organizaciones sociales, comunidades y sectores productivos en la reconstrucción institucional y la vigilancia electoral.

La realización de elecciones libres deberá ser una de las principales metas de este proceso, acompañada de garantías para que las nuevas autoridades puedan ejercer efectivamente sus funciones.

¿Es Haití un país imposible?

La gravedad de su crisis podría conducir a esa conclusión. Sin embargo, sería equivocado atribuir a la población haitiana una supuesta incapacidad para vivir democráticamente. El fracaso de las instituciones no significa el fracaso de una nación.

Haití ofrece además, una advertencia para toda América Latina: las elecciones son indispensables para la democracia, pero no pueden sustituir al Estado de derecho, la seguridad ciudadana y la existencia de instituciones capaces de proteger los derechos de la población.

Haití no es un país imposible. Lo verdaderamente inaceptable sería que América Latina y la comunidad internacional se resignaran a contemplar su desintegración institucional.

La recuperación de su democracia exige una cooperación internacional decidida, una transición responsable y, finalmente, elecciones libres que devuelvan a los ciudadanos haitianos la posibilidad de decidir su propio destino.

Fuentes y lecturas consultadas

2 comentarios:

  1. Es lamentable la situación de Haití. La gravedad de su crisis se esconde detras de la corrupción y la delincuencia del Estado y de las organizaciones criminales. Es imposible enterder de manera aislada la crisis estructural y la pobreza en Haití, esta tiene varias causas, desde la desgraciada intervención extranjera como Francia y EEUU, además de la inestabilidad política, el mal manejo de sus recursos naturales. Esta situación nos presenta a un Haití en constante crisis. Como dices en tu texto: "Sin embargo, sería equivocado atribuir a la población haitiana una supuesta incapacidad para vivir democráticamente. El fracaso de las instituciones no significa el fracaso de una nación". Te felicito por esta publicación.

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    1. Me apena mucho Haiti, querido maestro Tena. Mas aún cuando he trabajado en República Dominicana, que está a su lado y compartiendo la isla. Por un momento pensé que ambos países podrían sumar esfuerzos para conjuntamente solucionar el problema haitiano y lanzarse juntos a fortalecer la isla. Empero, no encontré este interés. Haití es de la dimensión de Pasco.

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