28 de agosto de 2026

PERÚ: Cuando el interés por la política no fortalece la democracia: Lecciones del estudio del IEP sobre la juventud peruana.

La publicación Un combo peligroso: juventud, democracia y autoritarismo en el Perú, elaborada por Ricardo Cuenca, Luciana Reátegui y Saúl Elguera (Instituto de Estudios Peruanos IEP, Documento de Trabajo N.° 308), plantea una pregunta inquietante: ¿es posible que una generación cada vez más interesada en la política manifieste, al mismo tiempo, una mayor disposición a aceptar alternativas autoritarias?

A partir del análisis de la información presentada por el Barómetro de las Américas (LAPOP) entre 2006 y 2025, los autores concluyen que esta combinación efectivamente existe entre una parte de la juventud peruana. Sin embargo, el estudio demuestra que esta tendencia no responde a un supuesto rechazo juvenil hacia la política, sino a una profunda insatisfacción con el funcionamiento de la democracia y con la capacidad de las instituciones para responder a las demandas ciudadanas.

Desde la perspectiva de la administración electoral, este hallazgo resulta especialmente relevante. Las elecciones no solo producen gobiernos; también representan uno de los principales mecanismos mediante los cuales la ciudadanía evalúa la calidad de la democracia. Si las instituciones electorales son percibidas como confiables, transparentes y eficaces, contribuyen a fortalecer la legitimidad democrática. Cuando ello no ocurre, aumenta la vulnerabilidad frente a discursos que prometen orden a costa de las libertades.

El presente apunte trata a mi juicio de resumir los principales aportes del estudio y analiza sus implicancias para la administración electoral, la educación cívica y el fortalecimiento de la democracia peruana.

1. Lo que demuestra el estudio

Hasta lo que veo, los hallazgos más robustos pueden resumirse en cinco puntos.

a) Los jóvenes estarían hoy más interesados en la política.

Contrariamente a la idea tradicional del desinterés juvenil, el estudio identifica un incremento sostenido del interés político entre las personas de 18 a 24 años, especialmente desde 2016. Ese crecimiento coincide con un período caracterizado por una intensa inestabilidad institucional, censuras ministeriales, vacancias presidenciales, disolución del Congreso, denuncias infundadas de fraude electoral y el intento de autogolpe de diciembre de 2022. En consecuencia, la mayor politización juvenil no se produce durante una etapa de fortalecimiento democrático, sino en medio de una prolongada crisis política.

b) Ese mayor interés no implica mayor adhesión a la democracia.

Al parecer, el hallazgo central del estudio es que ambos fenómenos pueden coexistir. Mientras aumenta el interés por la política, también crece la disposición a aceptar gobiernos autoritarios entre los jóvenes, quienes presentan la mayor probabilidad de respaldarlos respecto de otros grupos etarios. En otras palabras, el interés político no garantiza una cultura democrática más sólida.

c) La evaluación de la democracia es el factor más importante

Quizá el resultado más significativo sea que la variable con mayor capacidad para reducir la aceptación del autoritarismo no es la educación, el ingreso económico ni el lugar de residencia, sino la valoración positiva del funcionamiento de la democracia. Quienes consideran que la democracia funciona bien presentan una probabilidad significativamente menor de apoyar alternativas autoritarias. Este resultado confirma que la legitimidad democrática depende, sobre todo, del desempeño eficaz de las instituciones.

d) Existen diferencias importantes según sexo.

El estudio encuentra que los hombres jóvenes muestran mayor predisposición hacia opciones autoritarias que las mujeres jóvenes. Los autores relacionan este resultado con debates recientes sobre nuevas derechas y brechas de género, aunque reconocen que se trata de una hipótesis que requiere mayor investigación.

e) La educación superior no garantiza mayor adhesión democrática.

Uno de los resultados más llamativos es que las personas con educación superior muestran una tendencia ligeramente mayor a aprobar gobiernos autoritarios. Empero, los propios autores advierten que esta diferencia no alcanza significancia estadística, por lo que debe interpretarse con prudencia. Esta precisión metodológica es importante porque evita sobredimensionar un resultado que aún requiere nuevas investigaciones.

2. Implicancias para la administración electoral

El documento del IEP prácticamente no desarrolla recomendaciones para los organismos electorales. Sin embargo, a mi juicio sus resultados permiten extraer varias lecciones.

La primera consiste en comprender que la confianza en las elecciones constituye una parte esencial de la confianza en la democracia. Durante los últimos años, el Perú experimentó episodios particularmente dañinos para la legitimidad institucional, entre ellos las denuncias infundadas de fraude formuladas tras las elecciones generales de 2021. Aunque dichas acusaciones fueron descartadas por las autoridades competentes y no alteraron los resultados oficiales, sí contribuyeron a deteriorar la confianza ciudadana.

Para un joven cuya experiencia política comienza en medio de conflictos permanentes entre poderes del Estado, acusaciones de fraude, enfrentamientos institucionales y elevada rotación presidencial, la democracia puede aparecer como un sistema incapaz de resolver problemas.

En consecuencia, la administración electoral enfrenta hoy un desafío que va mucho más allá de organizar elecciones técnicamente impecables. Debe contribuir también a fortalecer la legitimidad democrática, lo cual supondría avanzar en cinco frentes, los cuales, desde mi experiencia electoral, aún son flancos no atendidos eficazmente:

  • Mayor transparencia de todas las etapas del proceso electoral.
  • Comunicación pública clara y permanente.
  • Estrategias eficaces contra la desinformación.
  • Acercamiento continuo con la ciudadanía joven.
  • Apertura de espacios permanentes de participación.

3. Implicancias para la educación cívica.

El estudio cuestiona indirectamente una idea ampliamente difundida, que suele indicar que basta con ampliar el acceso a la educación para consolidar la democracia. No obstante, los resultados muestran que ello no necesariamente ocurre, y más importante que la cantidad de educación parece ser su contenido.

Desde esta perspectiva, la educación cívica debería evolucionar desde un enfoque centrado exclusivamente en normas hacia otro orientado a desarrollar competencias democráticas, pues los jóvenes necesitan comprender:

  • ¿Por qué existen las elecciones?
  • ¿Cómo se construye la legitimidad política?
  • ¿Cuál es la función del pluralismo?
  • ¿Por qué las reglas democráticas limitan el poder?
  • ¿Cómo distinguir entre crítica legítima y desinformación?

La alfabetización democrática debe incluir también competencias digitales para identificar noticias falsas, discursos polarizadores y campañas de manipulación.

4. Reflexión crítica.

Aquí conviene separar claramente mi interpretación de la de los autores. Comparto plenamente la idea central del estudio, pues existe una combinación preocupante entre creciente interés político y menor satisfacción con la democracia. Empero, considero que el término "combo peligroso" puede inducir a interpretaciones simplificadoras.

El verdadero riesgo no reside en la juventud. Reside en el deterioro acumulado de las instituciones democráticas. Los propios autores llegan finalmente a una conclusión similar cuando sostienen que los jóvenes constituyen más un síntoma que la causa del problema, y desde la administración electoral ello tiene una consecuencia importante. No basta con aumentar la participación electoral. Tampoco basta con incrementar la inscripción de jóvenes o facilitar el voto. 

La verdadera tarea consiste en lograr que las nuevas generaciones perciban que votar tiene consecuencias reales sobre la calidad del gobierno y la calidad de vida de la población. Si las elecciones producen gobiernos incapaces de responder a las demandas ciudadanas, la confianza democrática continuará deteriorándose, aunque aumente la participación electoral.

5. Cinco lecciones para los organismos electorales.

Por lo que distingo, el estudio permite identificar cinco prioridades para los organismos electorales peruanos.

Primera. La educación electoral debe convertirse en educación democrática permanente.

Segunda. La lucha contra la desinformación debe comenzar mucho antes de la campaña electoral.

Tercera. Es indispensable fortalecer mecanismos permanentes de diálogo con organizaciones juveniles.

Cuarta. La transparencia institucional debe ser entendida como una política continua y no únicamente como una obligación durante las elecciones.

Quinta. La coordinación entre ONPE, JNE, RENIEC, Ministerio de Educación y universidades resulta indispensable para reconstruir la confianza democrática.

Conclusión.

Creo que el estudio del IEP constituye una de las investigaciones más importantes publicadas recientemente sobre cultura política juvenil en el Perú, y su principal aporte consiste en demostrar que el incremento del interés político entre los jóvenes no necesariamente fortalece la democracia. Por el contrario, cuando ese interés se desarrolla en un contexto de instituciones débiles, crisis permanentes y bajo desempeño gubernamental, puede coexistir con una creciente apertura hacia soluciones autoritarias.

Para quienes trabajamos en administración electoral, el mensaje es claro. La legitimidad democrática no depende únicamente de elecciones técnicamente correctas. Depende también de que los ciudadanos perciban que las reglas democráticas producen gobiernos legítimos, eficaces y responsables.

En consecuencia, fortalecer la democracia exige mucho más que perfeccionar los procedimientos electorales. Requiere reconstruir la confianza ciudadana en las instituciones, desarrollar una educación cívica orientada a la formación democrática y garantizar que las nuevas generaciones experimenten la democracia como un sistema capaz de responder a sus expectativas.

Quizá esa sea la principal enseñanza del estudio. El problema no es que los jóvenes se interesen más por la política. El verdadero desafío consiste en lograr que ese interés encuentre en la democracia un espacio creíble, eficaz y digno de confianza.

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